poker
A menudo construimos en nuestra cabeza la imagen mental de que el poker es un juego en el que varios hombres se sientan alrededor de una mesa de madera envejecida, rodeados por una nube de humo casi infranqueable, y copas de balón de cristal bohemio consiguen que una mano despistada gire el cognac que hay en ella para fomentar el calor del líquido.
Supongo que la mayoría piensan en el poker de una manera casi fantasiosa, y no puede haber nada que se aleja más. De hecho, desde que es considerado deporte, cada vez son más los profesionales que dedican su vida en exclusiva a esta disciplina de competición.
Y un claro ejemplo de los cambios es precisamente Jennifer Harman, la única mujer que juega en el Bobby’s Room del Bellagio de Las Vegas. Ella misma se sorprende cuando ve las caras de entre sorpresa y fascinación que va levantando a su paso, pero es que es una de las mejores jugadoras.
Y no sólo eso, porque además cuenta con la ventaja de que los hombres tienden a pensar que una mujer bajita y mayor no puede ganarles. Claro, que sólo hay que verla jugar unos minutos para darse cuenta de que eso, en realidad, no importa. Y sino, que se lo digan a Daniel Negreanu, que comprobó en primera persona el dicho aquel de que las apariencias engañan.



